martes, 23 de agosto de 2011

Qui prodest, Alfredo?

Hay que cambiar el modelo de Estado. Es evidente. La crisis económica que padecemos ha llevado al debate político la necesidad de replantearse la organización territorial del Estado. Algunos hace bastantes años venimos advirtiendo que esta situación es insostenible, no sólo por el alto coste que supone, sino también por la ineficacia demostrada y, por supuesto, por el imparable proceso de desvertebración nacional. La existencia de cinco administraciones -municipal, provincial, autonómica, central y europea- no ha redundado en un mejor servicio al ciudadano de a pie; a quien ha beneficiado es a los partidos políticos que las han usado para repartirse el poder y colocar a los suyos para seguir viviendo de la cosa pública como demuestran las auditorías que se están realizando. La mayoría electoral socialista en los ayuntamientos, especialmente en municipios pequeños, le ha dado al PSOE en las últimas décadas el control de la mayor parte de las Diputaciones provinciales que han utilizado en beneficio propio. El vuelco electoral que se produjo en las elecciones del pasado mayo ha cambiado el paisaje. El PP domina la mayor parte de las Diputaciones, incluso en Andalucía y Extremadura, algo hasta hace poco impensable.


Nunca habíamos oído a los dirigentes del PSOE hablar de reformas en el modelo de Estado y ahora el candidato Rubalcaba se muestra partidario eliminar las Diputaciones. Precisamente en febrero, tres meses antes de las elecciones municipales, el grupo socialista en el Congreso defendía sus existencia en el debate sobre el Estado de la Nación. De hecho rechazaron la propuesta del BNG y ERC que pedían la supresión de las corporaciones provinciales. La propuesta de Rubalcaba sustituiría las Diputaciones por consejos de alcaldes. Estos consejos estarían presididos por un alcalde, elegido por el resto de los regidores. Preguntado por qué ha pasado de defender la existencia de estas Diputaciones a realizar ahora esta propuesta, Pérez Rubalcaba, con la desfachatez que le caracteriza, ha contestado escueto: "Porque las cosas cambian". Una vez más los políticos adaptan su discurso al interés partidista y no al interés general. Llegará un momento en que la sociedad diga basta a este oportunismo que hace que aumente cada vez más la desafección ciudadana hacia la clase política y, lo que es más grave, hacia la democracia.

lunes, 22 de agosto de 2011

¿A qué juega el PSOE?

El diputado general de Guipúzcoa, Martin Garitano (Bildu), comentó el pasado viernes que los atentados perpetrados por la organización terrorista ETA en Cataluña fueron "más que un error", y ha sostenido que los vascos deben especial respeto a las víctimas catalanas pues "sucedió en un momento en que la sociedad vasca había recibido mucho apoyo de los catalanes" Estas impresentables declaraciones en las que este filoterrorista distingue tipos de víctimas no es solo un nuevo insulto a la memoria de las mil víctimas del terrorismo etarra sino también una afrenta a la sociedad española que tiene que soportar el escarnio de los que durante décadas han sembrado el terror y han laminado los deseos de convivencia de varias generaciones de españoles. Pues bien, ahora resulta que el presidente del Senado, el socialista vasco Javier Rojo declara en relación a Bildu que "o cambia de comportamiento" o su partido podría plantear una moción de censura en la Diputación de Guipúzcoa. ¿A qué juega el PSOE? Si Bildu está en las instituciones se debe, no sólo a la degradación moral de una parte importante de la sociedad vasca que les ha votado, sino también, y fundamentalmente, a la firme determinación del Gobierno de Zapatero, y sus terminales judiciales y mediáticas, de dar pasos en el llamado "proceso de paz" que no es sino un paso más en el vergonzante proceso de rendición y claudicación del Estado frente al nacionalismo en todas sus manifestaciones. ¿Es que esperaban algo de Bildu en las instituciones? Cuando se constituyeron los ayuntamientos y las Diputaciones pudieron haber impedido, votando a favor de la constitución de mayorías con el PP y PNV, el acceso al poder de la coalición proetarra en gran cantidad de corporaciones municipales y, por su puesto, en la Diputación de Guipuzcoa. El PP lo planteó reiteradamente, pero no quisieron. Ahora escenifican un desencuentro, incluso, asómbrense con la indignación de Odón Elorza. Sin duda el PSOE está en lo de siempre, amplificado ahora por la cercanía de las elecciones generales, es decir, en el doble juego de suave rechazo y cercanía con el mundo batasuno. El PSOE hace mucho que perdió la credibilidad en todo lo relacionado con el terrorismo. Las víctimas y la mayor parte de la sociedad española lo saben y espero que paguen electoralmente por ello.

domingo, 21 de agosto de 2011

Silencio atronador

Son muchos los momentos inolvidables que nos han dejado las Jornadas Mundiales de la Juventud celebradas estos días en Madrid, pero quizá el más impactante se produjo ayer en Cuatro Vientos, durante la Vigilia, cuando un manto de silencio caía sobre los cerca de dos millones de jóvenes mientras el Papa permanecía arrodillado, rezando, ante la imponente Custodia de la catedral de Toledo. Rodeados y saturados como estamos en esta época de ruidos varios, valores dominantes de una sociedad a la deriva, la comunión espiritual que se produjo en esos minutos fue una experiencia realmente conmovedora y cargada de esperanza. Ruidos, que por desgracia forman parte de nuestra vida cotidiana, como el egoísmo y el consumismo materialista, la cultura de la muerte, el relativismo, la soberbia, la mentira, la falta de respeto, la trivialización, el nihilismo y el vacío existencial no se escucharon pues un silencio atronador de millones de jóvenes en oración y recogimiento anunció la esperanza de una nueva Civilización de entrega a los demás, de defensa de la Vida, de respeto al prójimo, de Verdad, de trascendencia y de sentido profundo de una existencia dignificada por la gracia del Espíritu

sábado, 20 de agosto de 2011

Siniestro brindis

Las fotos del portavoz del PP en el Ayuntamiento de San Sebastián, Ramón Gómez Ugalde, brindando y departiendo alegremente con el alcalde proetarra Juan Carlos Izaguirre no sólo constituye un error, como comenta la dirección popular, sino un auténtico insulto a la ciudadanía que deposita su confianza en el Partido Popular y, por su puesto, a las víctimas del terrorismo. El presidente del PP vasco, Antonio Basagoiti, ha apoyado a su portavoz en San Sebastián, y ha dicho que "no se puede cuestionar su vida y su trayectoria". Señor Basagoiti, nadie ha cuestionado la vida ni la trayectoria de nadie, pero al igual que usted pide respeto por su pasado le ruego que condene de forma enérgica su presente, el brindis macabro de su protegido político. No me imagino a Gregorio Ordóñez cometiendo este "error", como lo llaman ustedes. De hecho al ágape ni siquiera asistió el Partido Socialista vasco. Si allí estaban los representantes del PP, me imagino que lo hicieron con alguna intención que se me escapa en estos momentos. Estos comportamientos hay que condenarlos lo haga el partido que lo haga y los afiliados y simpatizantes del PP son los primeros que deberían denunciarlo.
También hay que recordar que fue Gómez Ugalde quien, tras la vergonzante elección de San Sebastián/Bildu como capitalidad cultural para el 2016 y ante el anuncio de impugnación por parte del alcalde de Córdoba, el popular José Antonio Nieto, declaró que "no van a permitir que nadie ponga en duda que San Sebastián se merece la capitalidad. No voy a permitir que ningún alcalde, por muy del PP que sea, nos haga daño” y anunció que va a provocar una reunión con la dirección nacional del PP "para que se deje este tema en paz”. Gruesas y enérgicas palabras que contrastan con el buen rollito y la amplia sonrisa que despliega ante el alcalde filoterrorista.


Este nuevo PP vasco que no duda en defender a su concejal, minimizando su execrable actitud, es el mismo que, con el vistobueno de la dirección nacional, no dudó en defenestrar a políticos de la talla de María San Gil, Regina Otaola, Santiago Abascal, Pilar Elías, Carlos Iturgáiz o Mayor Oreja que han dignificado la política con su incansable defensa de los valores de la Nación y la Libertad. De hecho, José Antonio Ortega Lara abandonó el Partido Popular ante la deriva que estaba tomando el partido. Vienen tiempos difíciles en los que es necesario mantener y reforzar la determinación, la firmeza frente a los terroristas y sus cómplices. Viendo las risas de estas fotos no puedo dejar de recordar las lágrimas que han hecho verter en San Sebastián y en toda España los amiguitos del actual alcalde donostiarra

jueves, 18 de agosto de 2011

Laicismo totalitario


Ya está aquí el Papa y con él toda la energía espiritual de cientos de miles de jóvenes provenientes de los cinco continentes que lanzan al mundo un mensaje de esperanza. Por desgracia, junto a esta limpia manifestación de vitalidad y fe, los de siempre vuelven a señalarse ensuciando con un discurso que destila odio, cargado de resentimiento, las Jornadas Mundiales de la Juventud. Son los laicistas totalitarios que no sólo se conforman con mofarse del sentimiento religioso de un sector mayoritario de la sociedad española, como hemos visto reiteradamente en programas basura de televisión, sino que además centran su objetivo vital en la persecución de toda manifestación que tenga que ver con la religión católica. Porque estos mismos que tan agresivos e intolerantes se manifiestan contra los católicos, no sólo callan sino que piden respeto y consideración con todas las demás credos religiosos, aunque conculquen los derechos humanos. No nos engañemos. En el fondo, el modelo que defienden estos totalitarios que se manifiestan contra la visita del Papa es el régimen criminal comunista que en distintos países ha perseguido a los católicos y ha sembrado de cadáveres, cien millones, la historia reciente de Europa y Asia. Además estos laicistas sectarios no pueden soportar que ni todos los indignados juntos, ni los sindicatos y sus liberados en pleno, ni los partidos políticos, sumando a todos sus afiliados y simpatizantes, sean capaces de reunir a tantísimos jóvenes, como lo hace la Iglesia. Han caído imperios, regímenes, ideologías pero tras veinte siglos la Iglesia sigue en pie, a pesar de sus enemigos. Ladran, luego cabalgamos.

sábado, 11 de junio de 2011

¿Autoritarismo o totalitarismo?

A raíz de la publicación del Diccionario Biográfico Español hace unas semanas por la Real Academia de la Historia, bajo la dirección del historiador Gonzalo Anes, ciertos sectores de la más rancia izquierda política e intelectual han puesto el grito en el cielo ante lo que consideran una apología del franquismo realizada por el autor de la entrada de Francisco Franco, el historiador Luis Suárez. En la semblanza de este personaje Luis Suárez , según los que se autoerigen en garantes de las esencias democráticas y de la interpretación de la Historia, comete la "barbaridad" de calificar la el régimen de Franco de autoritario y no totalitario. Sin entrar en argumentos históricos y en debatir conceptos de filosofía política, que desde hace décadas dejó clara la distinción existente entre los regímenes autoritarios y totalitarios, recurren al insulto y defienden la mordaza y el dirigismo ideológico para imponer su visión de la historia desde la manipulación.

Para explicar la distinción entre el autoritarismo y el totalitarismo recurriré a la pretigiosa figura del intelectual ruso Alexander Solzhenitsyn quien en su visita a España en los primeros años setenta realizó una comparación entre el régimen soviético y el de Franco. Fue en el mítico programa de José María Íñigo, Directísimo. Él que venía de vivir en sus propias carnes los rigores de la represión comunista, le parecía por comparación liviano el régimen español. Algunos no entendieron entonces y tampoco ahora que lo que el Premio Nobel ruso estaba haciendo, al igual que el prestigioso historiador y politólogo Juan Linz, era una distinción entre un régimen autoritario y otro totalitario. Es en este contexto en el que hay que valorar las palabras de Solzhenitsyn. Los dos modelos de dictadura son rechazables, ambos liberticidas, pero sin duda los regímenes totalitarios –fascismo, nazismo y comunismo lo son- tienen una características específicas que los distinguen de los autoritarios. El régimen de Franco sólo tuvo componentes totalitatrios, fascistas, en sus primeros años, pero muy pronto se transformó en un régimen autoritario al que se le pueden aplicar las características que según Linz lo identifican:

• Existencia de un pluralismo limitado y no responsable, en contraposición al poder centralizado de los totalitarismos.

• Existen grupos activos políticamente, como el ejército, la iglesia, las organizaciones empresariales, no responsables, porque no están sujetos a elecciones competitivas. Este conjunto de actores se constituye en una coalición dominante, en la que se da una alianza o pacto que permite la estabilidad del régimen

• Mentalidad frente a ideología: en los regímenes autoritarios hay una mentalidad generalizada que sirve para justificar y sostener el régimen. En los regímenes totalitarios existe una actitud intelectual que tiene como base unos valores generales sobre los que hay un acuerdo entre los actores

• Ausencia de movilización política a causa de la despolitización de las masas. La sociedad se sitúa fuera de la actividad política, con el mínimo nivel de participación y controlada desde arriba. En los totalitarismos, sin embargo, se produce una movilización constante de la población, gracias a la manipulación ideológica de las masas

• El poder está en manos de un líder o grupo reducido; y si existe un partido único no está bien organizado ni monopoliza el acceso al poder, y no tiene una entidad ideológica


• Existen unos límites formales al poder, predecibles, pero al definidos. Estos límites son unas normas y procedimientos de actuación, a los que el régimen se somete, pero los cuales pueden ser cambiados de forma prerrogativa.

• La dictadura totalitaria implica frentre a la autoritaria un mayor control de la educación, de los medios de comunicación y, sobre todo, de la vida privada de los individuos.

Con esta distinción no se trata de justificar, bajo ningún concepto la dictadura franquista, sino de aclarar la naturaleza política de los regímenes contemporáneos. La transición política en España fue posible, entre otras cosas, por el caracter no totalitario de la dictadura franquista, algunos de cuyos agentes políticos y sociales adoptaron el discurso del reformismo, frente a los ortodoxos del régimen, que propició el modélico paso de la ley a la ley.

Reproduzco un estracto de la entrevista realizada por Íñigo y a continuación la dura reacción que produjo en autores como Juan Benet en la revista Cuadernos para el diálogo.

... vuestros círculos progresistas se complacen en llamar al régimen existente «dictadura». Yo, en cambio, llevo diez días viajando por España, desplazándome de riguroso incógnito. Observo cómo vive la gente, lo miro con mis propios ojos asombrados y pregunto: ¿saben ustedes lo que quiere decir esta palabra, conocen ustedes lo que se esconde tras este término?Voy a proponerles algunos ejemplos.Un español cualquiera no está vinculado a un lugar determinado, a una ciudad o a un pueblo donde tiene forzosamente que residir. Puede desplazarse de un lugar a otro según le plazca. Nuestro ciudadano soviético, en cambio, no lo puede hacer: estamos encadenados a nuestro lugar de residencia por la famosa propiska, el visado de la policía. Las autoridades locales deciden si puedo cambiar de residencia o no. Estoy totalmente en sus manos, pueden hacer conmigo lo que quieran.


Luego me entero de que los españoles pueden salir libremente de su país. En la Unión Soviética esto no existe. Desde hace poco, bajo la presión de la opinión pública mundial, y especialmente de los Estados Unidos, se está dejando salir a una pequeña parte de los judíos. Pero la otra parte y todos los demás pueblos que habitan la URSS están privados de este derecho. Nos encontramos en nuestro propio país como en una cárcel. Paseo por Madrid, o por otras ciudades españolas, de las cuales he visitado doce, y veo que en los quioscos se venden los principales periódicos europeos. En cambio, si en mi país apareciera un periódico extranjero a la venta, se alargarían diez manos para agarrarlo.

Veo, otro ejemplo, que aquí funcionan libremente las fotocopiadoras, cualquiera por cinco pesetas puede sacar libremente una fotocopia. En nuestro país tal cosa no sólo está prohibida, sino que es delito: toda persona que utilice una copiadora para fines particulares y no para el Estado, para la Administración, será condenado por actividades contrarrevolucionarias. En su país, puede que con algunas limitaciones, están autorizadas y tienen lugar algunas huelgas. En nuestro país, en sesenta años jamás fue autorizada una sola huelga. En los primeros años del régimen, los huelguistas cayeron bajo ráfagas de ametralladora, o fueron encarcelados como contrarrevolucionarios, aunque sólo exigían mejoras de carácter económico. Hoy día, ya a nadie se le ocurre, a nadie se le pasa por la cabeza, la idea de organizar una huelga. Más todavía: publiqué un día en la revista Novi Mir una narración, Por el bien de la causa. En ella, un personaje, un estudiante, pronunciaba la frase «Vamos a hacer huelga». Pues bien, antes de que la narración pasara la censura, ya la propia mesa de redacción de la revista eliminó la palabra «huelga». La palabra «huelga» está prohibida en mi país.No, vuestros progresistas pueden usar la palabra que quieran, pero «dictadura» no.

¡Si nosotros tuviéramos las libertades que tienen ustedes, nos quedaríamos boquiabiertos, exclamaríamos que es algo nunca visto!Desde hace sesenta años, no tenemos ninguna libertad. Hace poco en vuestro país se proclamó una amnistía. Algunos dicen que fue una amnistía limitada. Pero sin embargo a los terroristas, que con las armas en la mano luchaban contra el orden establecido, se les rebajó parte de la condena.A nosotros, en cambio, en sesenta años sólo se nos concedió una amnistía, ¡y ésta sí que fue limitada! Nosotros íbamos a la cárcel para morir allí. Muy pocos regresaron para contarlo. Claro, esta experiencia comunista, la hemos padecido en carne propia, y después de estas monstruosas pérdidas, tenemos ya una vacuna contra el comunismo, una vacuna como no la tiene nadie en Europa: actualmente en nuestro país, si alguien en una reunión, en una conversación entre amigos, plantea seriamente el problema del comunismo, nadie querrá escucharlo, lo tornarán por tonto. Espiritualmente nos hemos librado del comunismo, pero antes hemos recorrido la vía del martirio, hemos vivido tiempos terribles. Rusia ha realizado un salto histórico. Rusia, por su experiencia social, se ha colocado muy por delante del mundo entero. No quiero decir con esto que sea un país adelantado: al revés, es un país de esclavos. Pero la experiencia que hemos vivido, las vicisitudes que hemos atravesado, nos colocan en la extraña situación de poder contemplar todo lo que pasa actualmente en Occidente en nuestro propio pasado, y prever el futuro de Occidente en nuestra presente situación actual. Todo cuanto ocurre aquí ya ha ocurrido en Rusia hace tiempo, hace muchos años. Es una perspectiva realmente de ciencia-ficción: estamos viviendo los hechos que están ocurriendo en Occidente hoy, y sin embargo, recordamos que esto mismo ya nos pasó hace muchísimo tiempo a nosotros. En los años sesenta del siglo pasado el Emperador Alejandro II comenzó a llevar a cabo un vasto programa de reformas. Quería reorganizar paulatinamente a Rusia para implantar la libertad y el desarrollo. Pero un puñado de revolucionarios lanzó en 1861 una proclama en la que decían que querían reformas más radicales y más rápidas, que no podían ni querían esperar.Temiendo que el bienestar general pudiera provenir del rey, y no de ellos, proclamaron el terror.En 1861 Alejandro 11 abolió la servidumbre de los campesinos; en 1864 reorganizó completamente la administración de justicia, llevando a cabo la gran reforma judicial. Pues bien, los revolucionarios intensificaron sus actos terroristas. Hubo siete atentados contra el zar, le daban caza como a una fiera. Y al final, en el año 1881, lo mataron.Y después de esto, empezaron a matar primeros ministros, ministros del Interior, gobernadores civiles, gobernantes en general. Así empezó una guerra entre los revolucionarios y los círculos dirigentes del gobierno. Toda la opinión liberal no se oponía a los revolucionarios, antes por el contrario, los alentaba: cualquier asesinato de un estadista, de un ministro, la estusiasmaba, suscitaba su aplauso. A los revolucionarios les ayudaban a esconderse, a escapar, los celebraban como si no fuesen culpables de nada en absoluto.Repito, esto ocurría en nuestro país en el siglo xix, hace cien años, y esto es lo que está ocurriendo en toda Europa, en el mundo entero, hoy.


Hemos sido testigos el otoño pasado de cómo la opinión occidental se indignaba mucho más por cinco terroristas españoles que por el aniquilamiento de sesenta millones de víctimas soviéticas. Vemos hoy cómo la opinión progresista exige reformas inmediatas, a toda costa, saluda los actos terroristas y se alegra de ellos.Esto lo tuvimos nosotros hace cien años, y desde vuestro futuro puedo contar cómo acabó la cosa: ambos bandos se endurecieron en sus posturas, los terroristas y los círculos dirigentes cada vez se fueron odiando más, los círculos liberales comenzaron a odiar al gobierno, el cual no podía hacer nada contra ello; las reformas se detuvieron, pues aún lo que el gobierno podía conceder, ya no lo concedía, el odio anidaba en todas las almas, todos querían todo a la vez. Y así tuvimos las revoluciones de 1905 y 1907, y después la de 1917. El resultado fue la aniquilación de ambos bandos: fueron aniquilados todos los círculos dirigentes de Rusia, la nobleza, el empresariado, la intelectualidad liberal. Lo que sobrevivió de la intelectualidad se fue al extranjero, y en el país comenzó lo que describo en el libro Archipiélago Gulag, que costó al país sesenta v seis millones de muertos. Yo lo cuento ahora aquí, pero no sé yo mismo sí en general es posible transmitir la experiencia de hombre a hombre, de país a país. Hace poco todavía pensaba que sí, y así lo dije en mi discurso de Premio Nobel: creía que a través de la literatura de creación sí era posible transmitir experiencia a otras personas. Pero ahora ya lo dudo, y pienso que cada país, cada sociedad, cada hombre, debe repetir todos los errores cometidos por otro país, otra sociedad, otro hombre, y sólo aprenderá cuándo ya sea tarde.

Observo ahora vuestra juventud, la he estado observando en toda España, y tengo la impresión de que en mi cabeza, en mis oídos, en mis ojos, se ha mantenido más la imagen de vuestra guerra civil que en esta juventud.Hoy, naturalmente, la idea de vuestros círculos progresistas es obtener cuanta más libertad, colocar cuanto antes a vuestra sociedad al nivel de los demás países occidentales europeos. Pero yo quisiera recordarles que en el mundo de hoy, en nuestro planeta, los países democráticos ocupan una islita, una parte muy reducida. La mayor parte del mundo se encuentra bajo el totalitarismo y la tiranía: toda la Europa oriental, la URSS, toda Asia (ahora ya también la India), ya está cayendo bajo el totalitarismo; Africa, que hace tan poco alcanzó la libertad y que ahora se afana, se apresura, un país tras otro, a entregarse también a la tiranía. Y por esto, aquellos de ustedes que desean cuanto antes una España democrática, ¿tienen la suficiente clarividencia como para prever no sólo el mañana, sino también el pasado mañana? Supongamos que mañana España se vuelva un país tan democrático como el resto de Europa. Pero pasado mañana, ¿conservará las suficientes fuerzas como para defenderse del totalitarismo que amenaza a todo Occidente? El que tenga perspicacia, el que además de la libertad, ame también a España, debe pensar en el pasado mañana. Y vemos que el mundo occidental está debilitado, ha perdido su voluntad de resistencia, cada año entrega sin combate más países al totalitarismo...No hay voluntad de resistencia, no hay responsabilidad en el uso de la libertad. La civilización occidental contemporánea puede definirse no sólo como sociedad democrática, sino también como sociedad de consumo, es decir, como una sociedad en la cual el sentido principal de la vida está en recibir más, en enriquecerse más, y en pensar lo menos posible en defender lo obtenido. Desde luego, ni la estructura social ni el disfrute de bienes materiales son la clave principal de la vida humana, pero el Oriente totalitario contemporáneo y el actual Occidente democrático, al parecer sistemas opuestos, sin embargo están en realidad emparentados, reposan sobre una base común, que es el materialismo.Esta base común viene durando ya trescientos años. El mundo occidental está en crisis, que no consigue superar, pero no es una crisis del siglo xx. La humanidad lleva ya una larga crisis, desde que la gente se apartó de la religión, se apartó de la fe en Dios, dejó de reconocer ningún poder superior a sí misma, adquirió una filosofía pragmática, esto es, hacer sólo lo que resulte útil, beneficioso, guiarse sólo por intereses materiales y no por consideraciones de moralidad superior. Este espíritu se ha ido desarrollando paulatinamente y ha desembocado en una crisis que, insisto, no es política, sino moral. Se manifiesta no en la oposición entre comunismo y capitalismo, sino en algo mucho más profundo: es precisamente esta crisis la que ha traído el comunismo, y en Occidente, la sociedad consumista y pragmática. Es la crisis del materialismo, que ha desechado el concepto de algo superior a nosotros.Pero está claro que cada país ha de aportar algo de su parte para superar esta crisis. Y tal. vez España, con su gran originalidad nacional que ha marcado toda su historia, pueda aportar algo peculiar que permita vencer esta espantosa crisis de la humanidad, que abarca a todos los países de un modo u otro, y a todos nos amenaza con el aniquilamiento.


J. M. Iñigo: El señor Solzhenitsyn actualmente reside en Suiza, país en que suelen refugiarse los grandes millonarios del capitalismo. ¿No piensa el señor Solzhesnitsyn que esto puede ser mal interpretado por sus lectores?¿Sabe?

Precisamente acabo de decir que Occidente es una sociedad de consumo. Nuestra juventud, en cambio, ha transcurrido en la miseria. Una vez, de estudiante, tuve el descuido de sentarme en una silla en que había una mancha de tinta (entonces se usaba tintero y pluma). Me hice una mancha grandísima en el pantalón. Pues bien, estuve llevando cinco años ese mismo pantalón, porque no tenía con qué comprarme otro. Así vivíamos. Hasta lo llevamos grabado: todas las personas soviéticas que salimos al extranjero, incluso a un país no especialmente rico, incluso a los países que aquí se consideran pobres, tenemos una sensación como de ahogo, nos resulta penoso ver cómo se desperdicia la comida, cómo no se acaban los platos, cómo se echan las migas al suelo. Así percibimos los soviéticos esta sociedad.Pues bien, a su pregunta sobre Suiza sólo le puedo contestar que en los prósperos países occidentales vivimos como prisioneros. Si mañana tuviéramos la posibilidad de regresar a la miseria de nuestro país, a pasar hambre, regresaríamos todos.La prensa socialista, y sobre todo la comunista, gusta mucho de invocar el hecho de que Solzhenitsyn ha salido a Occidente y se ha hecho millonario, (cuando yo pasaba hambre allí, nadie prestaba particular atención a que yo pasara hambre. Cuando allí pasaban hambre todos, y la siguen pasando, sólo se miente que allí no falta de nada). Ciertamente, cobro derechos elevados. Pero la mayor parte de estos ingresos ha pasado constituir un fondo social ruso de ayuda a los perseguidos y sus familias, y por distintos caminos dirigimos esta ayuda a la Unión Soviética. Ayudamos a los detenidos, a sus familias, a los que van a visitarlos, a los que les envían paquetes de víveres, a los recién liberados que carecen de medios de existencia, a los despedidos por razón de sus convicciones que se quedan sin ingresos (para una mente occidental esto es difícil de concebir: aquí a uno lo pueden meter en la cárcel, pero no lo pueden echar de su trabajo por sus convicciones. Si es que lo despiden, se busca trabajo en otro sitio. Pero nosotros tenemos un solo patrono, el Estado, y si el Estado-patrono decide no darle trabajo a uno, no se lo dará nadie más. Uno no está en la cárcel, pero su familia se queda sin medios de vida).En cuanto a mi residencia concretamente en Zurich, se debe a que estaba entonces escribiendo el libro Lenin en Zurich, recientemente aparecido, y sólo allí podía encontrar el material de archivo que necesitaba.


Juan Benet, escritor idiolatrado por la progresía, reaccionó de esta forma ante las palabras de Solzhesnitsyn en una entrevista publicada poco después en Cuadernos para el diálogo. Esto sí que es totalitarismo.

“Todo esto, ¿por qué? ¿Porque ha escrito cuatro novelas, las más insípidas, las más fósiles, literariamente decadentes y pueriles de estos últimos años? ¿Porque ha sido galardonado con el premio Nobel? ¿Porque ha sufrido en su propia carne –y buen partido ha sacado de ello– los horrores del campo de concentración? Yo creo firmemente que, mientras existan personas como Alexander Soljenitsin, los campos de concentración subsistirán y deben subsistir. Tal vez deberían estar un poco mejor guardados, a fin de que personas como Alexandr Soljenitsin no puedan salir de ellos. Nada más higiénico que el hecho de que las autoridades soviéticas –cuyos gustos y criterios sobre los escritores rusos subversivos comparto a menudo– busquen la manera de librarse de semejante peste"

Las injurias y ofensas que tuvo que escuchar Solzhenitsyn se repiten ahora contra Luis Suárez. Los enemigos de la Libertad -de cátedra, de opinión, de expresión-, ajenos al sentido de la verdad histórica, y entregados a la memoria histérica, que pedían ayer más campos de concentración, hoy reparten mordazas para imponer su sesgada versión de la Historia.

viernes, 13 de mayo de 2011

El entierro de Montesquieu


El artículo 122.3 de la Constitución señala que el CGPJ

(...l estará integrado por el Presidente del Tribunal Supremo, que lo presidirá, y por veinte miembros nombrados por el Rey por un período de cinco años. De éstos, doce entre Jueces y Magistrados de todas las categorías judiciales, en los términos que establezca la Ley Orgánica; cuatro a propuesta del Congreso de los Diputados y cuatro a propuesta del Senado, elegidos en ambos casos por mayoría de tres quintos de sus miembros, entre abogados y otros juristas, todos ellos de reconocida competencia y con más de quince años de ejercicio en su profesión.

La Ley Orgánica del Consejo General del Poder Judicial, de 10 de enero de 1980, desarrollaba este precepto sin más interpretación que la literal: ocho miembros del CGPJ eran elegidos por las Cortes Generales y doce por los componentes del Poder Judicial. Pero en 1985, Felipe González decidió cambiar las cosas. Gobernaba entonces con el rodillo de la mayoría absoluta y el control socio-político formaba parte de su megalómano proyecto. Faltaba el control judicial. Los jueces elegidos por el sistema que regulaba la Ley Orgánica del Poder Judicial no se plegaban al Poder Judicial. Utilizó entonces dicha Ley para modificar la forma de elección de los doce vocales de procedencia judicial. Los veinte vocales pasaron a ser elegidos por las Cortes Generales mediante mayoría cualificada de tres quintos. “Montesquieu ha muerto!”, dijo Alfonso Guerra, vicepresidente del Gobierno. En realidad, los socialistas lo mataron. En plena efervescencia del felipismo, la separación de poderes era inconcebible. El derecho debía estar supeditado a los fines políticos de la nueva mayoría. La mejor forma de controlar a los jueces era trasladar al órgano de gobierno de los jueces, el CGPJ, el reparto de fuerzas existente en el Parlamento. Fueron malos tiempos para el Estado de Derecho. El poder judicial sometido al poder político.

El PP hizo de la denuncia de este control antidemocrático un punto fundamental de su política de oposición. De hecho, el programa electoral con el que ganó las elecciones en el año 1994 se comprometía a realizar una reforma del proceso de elección de los componentes del Consejo en el que primase la profesionalidad y la carrera judicial y en menor medida el perfil político. Una vez en el gobierno, y durante dos legislaturas, el Partido Popular incumplió su promesa y utilizó a su favor la situación generada por el felipismo. Durante años ha estado colapsada la elección de los nuevos vocales del Consejo. El acuerdo al que llegaron en 2008 los dos grandes partidos, con autobombo incluido y euforia no contenida, constituyó un capítulo más del proceso de transformación de la democracia en una oligarquía partitocrática, ya denunciado por teóricos italianos como Michels, Mosca o Pareto. Esta actitud del principal partido de la oposición no hace sino confirmar lo que muchos sospechamos: el PP, a día de hoy, no es el partido de la regeneración democrática. Se beneficia del juego de intereses partidista y no afronta con valentía las reformas necesarias que frenen la involución democrática. Esperemos que rectifique y se convierta no solo en la alternativa frente al socialismo caduco de ZP sino que también incorpore en su programa de gobierno la necesaria reforma judicial que España necesita.


Los vocales electos son fiel reflejo de las mayorías y minorías parlamentarias, con lo que en el CGPJ se reedita la situación del Parlamento. Lean con atención la trayectoria vital y profesional de estos jueces. Sus méritos profesionales pasan a segundo plano; prima la fidelidad y la sintonía política. Frente al empate a nueve vocales de PP y PSOE, la minorías nacionalistas tienen, otra vez, la llave de la gobernalidad. En este sentido son muy interesantes las palabras del aún vocal del Consejo, José Luis Requero, que en una entrevista explicó que la misión principal del nuevo Consejo, salvo una "grata sorpresa" del Constitucional, que reconoció no esperar, será "ejecutar las previsiones del Estatuto de Cataluña, en materia de Justicia", que supondrá que "competencias que hasta ahora el desempeñaba el CGPJ van a pasar a órganos autonómicos".

Se consuma así la felonía de la clase política. Las élites políticas pactan el reparto del poder de espaldas a la sociedad y al bien común, invadiendo para ello territorios que no son de su competencia. Este proceso de degradación democrática avanza con la complicidad de amplios sectores sociales y la pasividad de una ciudadanía que se mueve entre la indiferencia y la servidumbre. Si Alfonso Guerra anunció la muerte de Montesquieu, entre todos han decidido enterrarlo.